viernes, 3 de abril de 2009

Cementerio y Zapatillas

Historia en proceso...

Así como el agua y el aceite, mis zapatillas y el cementerio no se llevan.

Es buen inicio para un final, de alguien a quien en el pleno ocaso de su vida tropecé con su voz y tristemente más tarde con su cuerpo embalsamado y encerrado en ese pequeño ataud de madera fina, y fue en ese instante en el que, por primera vez sentí esa punzada incesante en mi pie izquierdo, porque este dia cualquiera me levante con el pie izquierdo e inevitablemente con el derecho pise mal, porque todo fue al reves y al derecho y viceversa, primero mis zapatillas, después el sol, la tierra y al final el cementerio y todo junto a la vez y luego las punzadas en mis pies, sin saber cual primero, si el derecho o el izquierdo o los dos a la vez, todo esto sucedia en mi mente mientras observaba su rostro inmóvil a traves del cristal pulcro y transparente de su nuevo ataud, en medio del silencio ensordecedor, dentro de mi hizo explosion la carcajada incrédula de esta historia y mientras tanto las punzadas en mis pies en zapatillas se acentuaban, y no sabia si seguir parada o fingir tristeza, porque la tristeza más grande no fue no caber en la gaveta en su cajon viejo, sino tristeza para mis pies, porque los dolientes no sentian dolor, sino asombro e incredulidad, de medir el cajon con una vara y saber que el pozo era mas pequeño que el agujero de una hormiga y el cajon más grande que la hormiga misma, y sólo pensaba en mi dolor de hoy y peor el de mañana, porque sabia que mañana las punzadas no se irian como su ataud bajo la tierra, y ahora el ataud era más bello que mis zapatillas, y eso me causaba pánico, porque sentia más dolor, casi a punto de llorar al muerto como si fuera mio, aunque lo mio era el dolor de mis pies en zapatillas, y así, mi dia izquierdo seguia siendo izquierdo, y comence a contar el tiempo segundo a segundo creyendo que eso menguaria mi dolor, y me detuve en 102 porque crei que era demasiado contar pero eso decia el papel de su edad, 102, muerto y cumpliendo su última voluntad estaba ahí en su ataud nuevo, después de estar ausente de su tierra toda una vida, queria descansar mientras era devorado por los mismos gusanos que su madre, era la necesidad de volver como era y de donde era, pero esa necesidad yo solamente la queria para mis pies, volverlos sin zapatillas y como eran antes...sin dolor, pero permanecí parada y caminando primero al ataud y después al cementerio, ahí donde comenzo la primer punzada, porque no solo el dolor venia de mis pies, sino de mi triste corazon al sentir primero el sol quemar mi piel y después ver mis zapatillas cubiertas de tierra, y percibir el aroma denso a cementerio en mis pies y zapatillas, ah! Que dolor exclamaba! En mi interior, porque si lloraba sabrían que no era al muerto sino a mis pies, y eso me sonrojaba, porque nadie lloraba, todos reian a la incredulidad, de querer rezar y enterrarlo para cumplir su ultima voluntad y terminar con nuestra pena momentánea, que se habia convertido en más pena para mis pies que para el ausente encajonado, y ahí permanecía parada bajo la poca sombra de un arbusto enterregado, esperando solamente a que mi día izquierdo terminara.

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